Serena terminó eligiendo el sofá.
O quizá la próxima vez debería ponerse unos tacones.
Así era realmente agotador; ya no sentía fuerzas en las piernas.
Ese día había estado en casa todo el tiempo, vestida con un delicado vestido de satén suave y ligero que le llegaba justo por encima de las rodillas.
Cuando se sentó sobre las piernas de Esteban, el dobladillo subió unos centímetros más.
Cada prenda de Esteban solía ser confeccionada a medida por un sastre que volaba desde Estados Unidos cada me