Narra Jeremiah:
No sé cuántas veces he tenido que agradecer a los cientos de invitados que han venido a presentar sus respetos y condolencias, pero he perdido la cuenta hace más de una hora. Estoy cansado, los ojos hinchados me pesan por tanto llorar y lo único que quiero es irme a casa. Por suerte, la mayoría de los invitados han empezado a marcharse pasadas las nueve y cuando quedan a penas unos cuantos en la sala, me fijo que no he sabido nada de mi amada esposa desde hace rato.
—¡Hey! ¿C