Todo por amor.
Narra Adriana:
Cierro los ojos y reposo mi cabeza sobre la incómoda madera que me sostiene, incapaz de contener ya el dolor. Todo mi cuerpo está resentido a causa de los latigazos recibidos y por lo visto, la loca de Daniela tenía razón cuando dijo que pensaba divertirse conmigo porque eso ha hecho. Ella y mi padre se han turnado para azotarme como si se tratara de un animal terco en medio de la sabana. Después del latigazo número veinte he perdido la cuenta. Toda la piel de mi torso arde como