Perdida.
Narra Adriana:
Un cosquilleo en la sien me despierta, e intento rascarme, todavía con los ojos cerrados, sin embargo, fallo en el intento, porque mi mano no responde a la orden que le ha dado mi cerebro. Trato de abrir los ojos, pero tampoco obedecen al primera, y cuando intento moverme, un malestar me sacude todo el cuerpo.
—Hmm —un gemido de dolor sale de mi garganta y finalmente abro los ojos.
Me doy cuenta de que mis manos están atadas y que un trozo de cinta adhesiva me tiene amordazada,