El tren llegó en dos horas a Barza, aún se podía cruzar la frontera, ya que muchos sostenían con firmeza, que en unos días el ejercito amarillo del mediterráneo tomaría Catalia, y no podrían entrar o abandonar el país.
—¡Eva…! —susurró Alba al escucharlo.
—No te angusties, querida, nuestros países nunca serán tan tontos para sumirnos en una guerra, además una guerra desigual, Catalia solo es un principado, El Mediterráneo es un gran imperio —aseveró Frida.
De todas formas, Alba no estuvo nada