Dos meses después.
Evan caminó por la playa, y el padre Enrique lo alcanzó.
—¿No ha sido suficiente tiempo?
El hombre le miró confuso.
—¿Para qué?
—Debes volver a casa, tu esposa te espera, las desavenencias siempre existen en el matrimonio, pero, es hora de enfrentar los problemas, mañana podría ser demasiado tarde, Evan.
Él negó.
—Se acabó —sentenció—. Me divorciaré, solo debe faltar mi firma.
—Evan, no seas tan rencoroso, ¿Has dejado de amarla?
Él no dijo nada.
—No se trata de eso,