Enrique iba detrás de ella, pero escuchó la voz de su padre.
—¡Enrique! Vuelve a casa.
Enrique tuvo que entrar, encontró a su madre muy cerca de Mónica.
Los ojos de su padre irradiaban una rabia feroz.
—¿Y ese hijo que esperas es de Enrique? —exclamó Jerónimo mirando a la mujer
Mónica sonriò, tocó su vientre.
—Claro, que es hijo de Enrique, de nadie más —sentenció la mujer.
—Exijo una prueba de paternidad —dijo Jerónimo—. O no se reconocerá ese hijo por parte de algún Santalla.
Mónica sonriò.
—H