Amaranta estaba desesperada. No entendía lo que acababa de pasar, pero estaba cerca de Enrique, que brotaba sangre del estómago.
—¡¿Qué has hecho, Diego?!
—¿Lloras por tu amante? Dime, ¿o lloras por mí?
Amaranta ordenó que llamaran a una ambulancia.
—Diego, basta, mira lo que hiciste.
—Me iré a prisión, al menos defendí nuestro honor.
—Yo te necesito libre, así que no irás a ningún lado.
Amaranta llamó a Jorge, estaba envuelta en llanto.
Cuando llegaron los paramédicos, Amaranta dijo que fue un