Helena corrió con Xavier, no dejó de gritar hasta que al fin vinieron a socorrerlo, llamaron a una ambulancia y a la policía.
El auto que conducía aquel hombre iba a toda prisa, maldijo golpeando el volante, al principio pensó que sería un buen plan, y algo rápido y fácil de hacer.
No vio en el hombre un rival fuerte.
—¡Maldita sea! Era mi última oportunidad para tener algo con que callar a la m*****a Catalina y su esposo, ahora me pudrí —gritó golpeando el volante—. ¡Me pudrí! —gritó desesperad