Al día siguiente.
Cuando Darina despertó, observó a Mia dormida en un sofá, muy cercana a ella.
Darina se levantó enseguida, no quería estar ahí, no quería ser màs cuidada por ella, se sentía incómoda.
Mia despertó enseguida.
—¿Cómo te sientes?
Darina mirò sus ojos.
—Estoy bien, no tienes que cuidarme, Mia.
—Sí, tengo que hacerlo, déjame hacerlo, por favor.
Darina no supo que responder, pero se levantó, y fue al baño.
—Me iré —dijo y Mia se sintió tan triste al escucharla decir eso.
Pero Mia