Amaranta se alejó rápido del hombre, le mirò con ojos feroces.
Diego los mirò con duda, tuvo un mal presentimiento, pero no supo por qué, era incapaz de pensar que había algo entre ellos, puesto que para Diego aún pensaba que tenían lazos consanguíneos.
Enrique los vio subir y alejarse, y sintió rabia.
***
Entraron a su habitación y Amaranta estaba nerviosa.
—¿Qué pasa? ¿Por qué discutías con tu primo?
Amaranta se puso nerviosa.
—Yo… ya sabes, problemas.
Diego la mirò con ojos severos.
—Dime a