Enrique estaba desesperado, llamaba al teléfono de Amaranta, ella no respondía.
—¡Qué m*****a manera de perder! Ella no puede dejarme por él, no puede amarlo, ¡no hicieron nada! Ella no se entregó a mí por no ser mi esposa, no se entregará a un hombre al que no ama, ¿verdad? Amaranta va a volver a mí, lo quiera o no, pero antes debe nacer mi hijo y ser el heredero de todo —sentenció.
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Mariza y Jorge desayunaron en el departamento.
—¿Crees que Eva tuvo algo que ver? Porque ella te besó, y Dios