Arturo arrebató el teléfono a Corina, intentó irse, la mujer le persiguió.
—¡Arturo! Ella no te ama, ahora puedes verlo. Mia es una traidora, olvídate de ella.
—¡No te metas en mis asuntos, Corina! ¡No te metas! —dijo apuntándola.
Los ojos de Arturo estaban enrojecidos, y su voz era tan severa. Nunca le habló así, y la mujer sintió miedo, solo lo vio partir.
Corina se quedó ahí parada, sintiéndose débil.
—¿La ama? Pensé que Arturo seguía sintiendo algo fuerte por mí, pero… no pensé que le dolerí