—¿Es una m*****a broma? ¿Qué haces, Arturo?
Arturo se acercò a ella, sus ojos estaban inyectados en sangre, estaba furioso. Cuando lo sintió cerca, retrocedió temerosa, sintió su fuerte mano, al tomar su brazo y sacarla de casa, empujando sus maletas al jardín.
—¿Por qué haces esto?
—¡Me engañaste! ¿Acaso es poco? Creí en ti, nunca pensé que fueras así, no pensé que fueras esa persona, Mia, ahora veo la clase de mujer en que te convertiste —dijo.
La mujer tenìa ojos llorosos, negó.
—¡No! ¿Por qu