Cuando Mia abrió los ojos, estaba asustada, escuchó su teléfono, respondió al instante.
—¡¿Dónde estás, Mia! ¡Estoy angustiado!
—Yo… lo siento, voy a casa.
—¡¿Dónde estás?! ¡Iré por ti!
Él colgó la llamada. Mia estaba confusa, mirò a todos lados, mirò su ropa, se sentía extraña, observó los botones de su blusa, algo estaba raro, algo se sentía fuera de lugar, pero no pudo saber qué era.
Intentó manejar de vuelta, pero se sentía extraña. De pronto vio un auto llegar, ¡era Arturo!
Él bajó del auto