Los ojos de Amaranta se abrieron, no sabía en donde estaba, pero cuando vio frente a ella a su tía Silvia, entró en pánico.
—Tía…
—¿Ya estás contenta, m*****a mujerzuela? Conquistaste a mi hijo, has hecho que un pequeño niño pierda a su padre, ¿Estás contenta?
Amaranta hundió la mirada, sollozó sin cesar.
—Yo… lo siento, tía, yo amo a Enroque.
—¡Amar! ¿Qué sabes tú de amor? No tienes padres, nadie te ama en realidad, ¡eres una mosca muerta, nada más!
***
Empresa Santalla.
Jorge leía el acuerdo,