Mia tenìa ojos enormes, parecía en trance, apenas las palabras salieron de la boca de Arturo, sintió mucho miedo, pensó que había roto a Mia.
La abrazó con rapidez, pero ella lo empujó, no lo empujó de una forma agresiva, aún tenìa la mirada perdida, era como si estuviera tratando de comprender cada palabra que decía.
—¿Qué? ¿Qué dijiste? No puede ser…
—Mia, esto no tiene nada que ver contigo, tú eres una persona maravillosa y…
—¡¿Es cierto?!
Mia se sentó en la cama, sus lágrimas rebotaron.
—No