—¿Por qué nunca me lo dijiste, madrina?
Amaranta sintió que su corazón era pesado, acarició su rostro.
—Yo… no quería herirte, no quería verte sufrir, quería adoptarte como mi hija, pero, pensé que te haría sufrir màs.
—Tú has sido como mi madre, eres mi madre.
Amaranta sollozó.
Mia la abrazó, podía entender él porque de sus mentiras, al menos le dieron la mejor memoria a un padre que definitivamente no lo fueron, pero ella siempre los tuvo a ellos.
Diego también la abrazó, igual que Mariza y J