Mia corrió a ayudar a la mujer, pero ella se levantó, alejándose aún màs.
—Yo no soy tu madre, debes irte.
Mia sintió como si ella hubiese golpeado su corazón, esperaba una respuesta así, pero no tan cruel.
Darina estaba por irse.
—Lo sé, sé que no me quieres, sé que me odias, y tal vez, tal vez tienes motivos, pero… al menos, merezco una explicación, una mínima, ¿no?
Darina contuvo sus ganas de llorar, respiró profundo.
—No quiero tener nada que ver contigo, déjame en paz, Mia, no soy tu madre,