Luca volvió a casa. Catalina tenìa la cena lista, èl la mirò, Mia le contó lo que pasó.
—¿Estás bien?
Ella asintió.
—Estaré bien.
Luca le mostró una tarjeta.
—Es una buena terapeuta, creo que podemos ir los dos.
Ella la miró y asintió.
—¿Podemos también apoyar a Darina? Ella ha sufrido lo mismo que yo, Luca. No quiero odiar al bebé, no quiero abandonarlo y que, cuando me busque, no sea capaz de amarlo. No quiero ser como Darina, ni que mi hijo sufra como Mia sufre, sin entender el porqué no es d