Luca entró y miró a ese hombre, sintió como si el odio del mundo estuviera en su pecho.
Apretó sus puños con furia.
Lo observó atado a una silla, estaba malherido, sintió que podía matarlo, se acercò y le dio un golpe, luego otros màs, tantos hasta que el tipo escupió sangre.
—¡Mírame! Mira mi rostro, juro que no me vas a olvidar ni en mil años, ni en mil vidas. Me encargaré de hacerte ver el infierno por un millón de años. Dañaste a una mujer inocente, dañaste una vida, pero ahora, vivirás para