1 año y medio después.
Estoy dentro de la bañera, relajada después de ser víctima de mi preciosa y temperamental niña. A la cual, le pareció gracioso echarme encima la papilla que le prepare para el almuerzo.
Me quito los rastros en el cabello. Cuando más que verlo, lo siento.
Desde mi lugar levanto mi pierna llena de espuma.
— Me gusta este recibimiento— sonrío ante las palabras de mi esposo.
Se acerca y entra en mi campo de visión.
— Hola— digo en voz baja.
— ¿Qué haces tomando un baño