— ¿Cuándo pensabas contarme tu insensatez?
Hago una mueca cuando las palabras de Cillian me atraviesan al llegar a casa, después de nuestra cita con la doctora y pasar por las vitaminas y suplementos que necesitaba.
— Sabía que no me dejarías hacerlo si te daba la noticia de mi embarazo— digo lo más calmada posible. Sus ojos echan chispas, pero qué más da.
Ya lo hice.
— No sé, si ahorcarte o encerrarte en la habitación por lo que resta de embarazo.
— Ni lo uno ni lo otro— digo indignada mientra