Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 3: Mi único heredero
Todo se quedó en completo silencio. Zoe ya no escuchaba nada, solo los fuertes latidos de su corazón.
Su mirada recorrió los rostros de ese par de adúlteros y al observar a su amado esposo, apretó con fuerza los puños.
“¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo pude ser tan tonta?” - eran las preguntas que resonaban en su mente mientras comparaba la imagen de su sobrino con la de su marido.
Zoe apretó los puños y su mirada pasó de confusión a una llena de ira y resentimiento.
- Así es hermana, MI hijo y tú asquerosa hija son como nosotras, ¿no te parece lindo? – comentó Emma dejando notar la malicia en su voz, al mismo tiempo que una sonrisa arrogante se dibujaba en sus labios.
- Si, me parece divertido – los ojos de Zoe se volvieron fríos y penetrantes, algo inusual en ella.
- Her… hermana, por… ¿Por qué me ves así? – habló Emma sonando afligida al mismo tiempo que se ocultaba detrás de Sebastián.
- Zoe, YA BASTA, estás asustando a… - pero las palabras del hombre se quedaron atoradas en su garganta, cortesía de una bofetada.
- No grites o vas a despertar a TÚ hija - declaró Zoe mirándolo a los ojos.
- Tú… me pegaste, maldita, ahora te voy a… - Sebastián alzó la mano listo para golpearla, pero se quedó rígido al ver que ella sacó de su espalda una pistola.
- ¿Vas a qué? ¿Ah? – preguntó con arrogancia mientras les apuntaba con el arma.
- Zoe…
- Hermana, baja eso…
- Tú cállate, ja… en verdad que es gracioso, resulta que somos iguales a nuestras madres – comentó con amargura – y se supone yo soy la pendeja que dio todo por un maldito retrasado mental que no sabe que el sexo de un bebe lo decide su puto esperma y tú eres la hija de una prostituta barata que imita a la perfección de su madre y solo sabe meterse en la cama de un hombre casado.
- Zoe – Sebastián estaba furioso apretando los puños, pero no se movía… porque no era tonto y no deseaba acabar con los sesos reventados – mira… cálmate, lo… lo podemos hablar, anda baja esa arma – mencionó tratando de dar un paso adelante para detenerla.
- Vamos a hablar en pareja, sin terceros… pero otro día, porque ahora no deseo verte – indicó buscando quitarle el seguro al arma.
Ese sonido hizo que las caras de los adúlteros palidecieran.
- Zoe… no te…
- LARGO – dijo en tono monótono - no pienso decirlo una segunda vez.
Los labios de Zoe estaban temblando y tenía los ojos rojos de la rabia y el dolor.
Eso hizo que ellos dieran media vuelta y salieran corriendo del lugar.
Al verse a solas, ella se derrumbó cayendo de rodillas mientras las lágrimas comenzaban a escapar de sus ojos.
En eso miro de reojo el arma, la cual activo y de ella solo salió un chorrito de agua, provocando que empezara a reír y llorar al mismo tiempo.
Un día de compras lo compró por diversión porque se veía muy realista y estaba de oferta, pero jamás pensó que luego le serviría para defenderse.
Terminó sentada en el sofá con la mirada perdida mientras buscaba en su memoria alguna señal o algún indicio de los planes de Sebastián.
Sinceramente todas las atenciones, cariños y mimos la cegaron… no podía encontrar una pista o algo que le indicará que él era un maldito adúltero.
- Malditos… mamá… parece que también me pegaste tu suerte – indicó alzando la mirada para observar el único cuadro que contenía una foto de ella y su mamá.
- Buuuaaa… buaaa…
En eso giró su cara en dirección al cuarto de su niña.
Esa putita que pariste… las mujeres no sirven para heredar el imperio familiar – la voz de él resonó en su cabeza, provocando que apretara los puños.
- JA... así que las niñas no sirven para heredar… ¿y porque cree que él sirve para heredar? – preguntó secando sus lágrimas con algo de fuerza mientras se colocaba de pie.
Al llegar a la habitación buscó calmar sus propias emociones para atender a su pequeña.
- Sofía, perdóname… mamá resultó ser una tontita como la abuelita y no supo juzgar a los hombres y te consiguió un padre cucaracho.
- Ah…
- Perdón hija… descuida, aquí esta mami y primero muerta antes de dejar que tú tengas que aguantar a un hombre así como padre, juntas vamos a salir adelante y no dejaremos que la basura dañe nuestra felicidad – mencionó dándole un beso en la frente a su pequeña antes de acomodarse para amamantarla.
Ya por la noche, su celular comenzó a sonar interrumpiendo el silencio del lugar.
De mala gana tomó su teléfono y vio que le llegaron dos mensajes.
Uno era de su hermana: <maldita bruja histérica, pero aunque llores y patalees no te servirá de nada porque yo tengo el hijo y heredero de la familia Parker, tú y tu putita repetirán la historia como tu madre y acabarás sin nada en la calle>
Y el segundo era de Sebastián: <¿de dónde chingados sacaste una pistola? Bueno como sea, desházte esa cosa, pídele perdón a tu hermana y firma los papeles de divorcio, me los traes mañana a la empresa a las 9 para ir a las oficinas del registro civil para hacerlo legal>
Ella frunció el ceño al leer semejante ridiculez y comenzó a escribirle una respuesta a él.
Zoe dice: Primero muerta antes que disculparme con tu amante.
Sebastián dice: Es tu hermana, no puedes tratarla así.
Zoe dice: La trato como lo que es, la hija de la ramera que provocó el divorcio y la muerte de mi madre… algo que TÚ sabias muy bien y aun así dejaste que se subiera a tu cama.
El otro lado quedó en suspenso, donde se mostraba que la persona estaba escribiendo… pero tras un rato no apareció ningún mensaje.
Por lo que ella busco seguir escribiendo.
Zoe dice: Mejor olvida eso, ya vi la clase de hombre que eres, mañana te veo en tu empresa para hablar sobre el divorcio e ir a hacerlo legal.
Con eso dicho apago el teléfono, porque ya no deseaba seguir hablando con él.
También para evitar un mal trago, cerró todas las puertas para evitar que ingresara a la casa por la noche.
Al mismo tiempo busco pensar que debía hacer… porque para su mala suerte, por culpa del embarazo renunció a su trabajo y gracias a su queridísima hermanastra y madrastra vivió aislada sin amigos.
- Primero que nada, respira y relájate… vamos por un poco de jugo para calmarte – se dijo a sí misma mientras caminaba a la cocina.
Estaba temblando y por ahora solo tenía ganas de llorar, gritar, romper algo, golpear… se sentía traicionada y usada, pero no podía derrumbarse, no podía darse el lujo de que la vean derrotada porque tenía una bebe a la cual sacar adelante.
- Ja… que irónico… así te sentiste, ¿verdad mamá? – comentó mirando la foto de su madre - ah… tranquila, no voy a rendirme ni dejarme pisotear, no me voy a conformar y yo y tu nieta vamos a estar bien… porque nadie se mete con mi hija y vive para contarlo – declaró apretando con fuerza el cuadro dejando notar la determinación en su mirada.
A la mañana siguiente ella llegó puntual a la empresa de su esposo.
Era una gran empresa de tecnología… o esa apariencia daba, porque ella conocía los trapos sucios del lugar, gracias a que le tocó apoyar y aconsejar a su esposo en algunos detalles y problemas de la administración.
“Tranquila Zoe, tú sabes dónde darle duro al desgraciado, así que no te va a intimidar y tú vas a poner tus términos y condiciones”- pensó dándose ánimos antes de ingresar al lugar.
- Zoe – en eso escucho que le llamaban y su mano fue sujetada antes de tocar la puerta de la entrada.
- Sebastián.







