Sus primeras palabras.
Estaba sentado en su amplia oficina ejecutiva, con el codo asentado en el reposabrazos de su silla giratoria, mientras su mirada vacía y distante se perdía en el horizonte urbano que se extendía más allá de los cristales polarizados.
Sus ojos, anteriormente penetrantes y calculadores, vagaban sin propósito entre los edificios corporativos que conformaban el paisaje, una vista que en otros tiempos habría admirado con satisfacción por ser parte de ese selecto mundo empresarial.
La ciudad que a