Leandro la miró. Frunció el ceño y no pudo evitar temblar.
—Baja. Julieta, Piensa en tu hermano —le dijo.
—¡Bah! ¿Qué otra cosa vas a hacer aparte de amenazarme con mi hermano? Antes decías que siempre me amarías y que me protegerías por el resto de mi vida, ¿y ahora haces todo esto?
Mientras hablaba, Julieta no pudo evitar volver a llorar de la impotencia. Las lágrimas le caían incontrolablemente.
Realmente se sentía muy agraviada, muy agraviada.
—Tú fuiste quien se arrodilló y juró que me ama