Leandro frunció el ceño al oír aquellas palabras, y no pudo resistir apretar los puños.
¡Aquella mujer era lo suficientemente capaz de hacerlo enojar con una sola frase!
Hace dos noches no había querido molestarse con ella. Sin embargo, acababa de pasar dos cruces cuando de repente habló y le dijo a Renzo que diera la vuelta. Quería ver qué era aquello tan importante que tenía que hacer aquella mujer como para que ni siquiera se preocupara por sus heridas.
Pero el auto salió a mitad de camino y