Julieta se despertó a las dos de la madrugada, llorando.
Se quitó la sonda del brazo e intentó levantarse de la cama. La vio Ismael, que estaba sentado en el borde de la cama, cuidándola.
Ismael cerró el ordenador, se levantó y la sujetó. Miró su rostro pálido, sus ojos rojos e hinchados. No pudo evitar fruncir el ceño, estaba preocupado.
—Julieta, estás muy débil en este momento, necesitas recuperarte. Esta noche deberías…
—¿Dónde está Samuel?
Como Julieta llevaba tanto tiempo llorando, tenía