Julieta ayudó a Jared a arrastrar a Samuel hacia la orilla. Al ver el rostro pálido y sin sangre de Samuel, sus lágrimas cayeron instantáneamente.
Su cuerpo estaba tan frío como una bodega de hielo, y sus pestañas estaban congeladas. En los lugares donde sus manos y pies estaban atados, se veían moretones violáceos.
Julieta abrazó a Samuel y exclamó:
—Samuel, ¿tienes frío? Te estoy abrazando para mantenerte caliente. Quédate conmigo, por favor.
Sin embargo, Samuel no mostró ninguna respuesta, su