El corazón de Julieta latía con fuerza. Sabía que esto le iba a resultar difícil de explicar y, aunque le contara toda la historia, temía que Leandro no le creyera.
Justo cuando las dos partes estaban en un punto muerto, Dalila se lanzó a los brazos de Leandro y lloró.
—Leandro, no culpes a Julieta. Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí… Yo fui la que vio algo que no debía y ella solo me ahorcó.
—¿Te ahorcó?
Leandro bajó la cabeza para poder echarle un vistazo al cuello de Dalila. Entonces s