Al verlo, uno de los vagabundos retrocedió, mostrando gran escepticismo:
—¿De verdad?
—¡Claro que sí! ¡La tasa de contagio es del cien por ciento! —respondió Julieta con firmeza.
Pero el otro susurró:
—Wey, tal vez es una mentira, además…
Justo en ese momento, un coche bastante lujoso aparecía en la oscura carretera y se dirigía rápidamente hacia los vagabundos.
Aterrorizados, intentaron huir, pero escaparse ya no era una valiosa opción, y finalmente se rindieron.
—¡Ay! ¡Socorro! —gritaron des