Julieta cerró los ojos y dejó caer unas lágrimas.
Leandro no la trajo de vuelta a la Península, sino que la llevó a otro departamento.
Guio a Julieta al baño, la puso en agua caliente y quiso ayudarla a desvestirse. Pero Julieta de manera inconsciente cerró los ojos y retrocedió, pensando que Leandro la volvería a lastimar.
El gesto hizo que Leandro sufriera un pinchazo en el corazón. Frunció el ceño, y dijo con impaciencia:
—Olvídalo, desvístete y báñate. Afuera tienes todo lo que necesitas, pu