—Julieta, ¿te morirías sin un hombre a tu lado? —rugió Leandro—¿El que estaba en el hospital no era suficiente y, por eso, necesitabas tener otro afuera?
Julieta intentó resistirse, intentó liberarse incluso, pero sus dos manos estaban bien sujetadas por Leandro. Era imposible para ella escapar.
—Leandro, ¿qué tonterías dices? Ese era un amigo que me encontré por casualidad.
—¿Por casualidad? ¿En serio crees eso?
—Tú vas a creer lo que quieras. Y si no me crees, ¿qué puedo hacer? No tengo forma