La velocidad del coche de Jasmine no era ni rápida ni lenta. A ese ritmo las dos hablaban y reían Y el ambiente era armonioso.
De repente, un Maybach las adelantó y giró a la izquierda para detenerse justo delante de ellas. Jasmine se sobresaltó tanto que frenó de golpe.
—Julieta, ¿estás bien?
—Estoy bien.
Julieta acababa de levantar la vista cuando vio a Leandro caminando muy molesto en su dirección. Al instante se puso a temblar de miedo. Aunque tuvo el valor de colgarle el teléfono, cuando vi