Esa mañana, Vanessa Ríos estaba sentada frente a Hernán Del Valle.
Lo había ido a buscar al complejo donde él vivía desde que se divorció. Ella creía que nadie sabía nada de los encuentros en ese lugar. No se le pasaba por la mente que alguien siempre la veía entrar y que, últimamente, ya no le dolía tanto lo que hacía.
Vanessa había dejado de verlo con tanta frecuencia para tranquilizar a su esposo. O eso se decía a sí misma. En realidad, Agustín ya no se tranquilizaba con nada. Apenas le d