La puerta del apartamento acababa de cerrarse, pero la atmósfera en el interior del recinto se inundó de inmediato por un desborde de emociones contenidas.
Emma, que desde momentos antes aguardaba con una zozobra que le laceraba el espíritu, se puso de rodillas sobre el suelo de mármol en cuanto distinguió la diminuta silueta adentrarse en el lugar.
—Felix… no has sufrido ninguna lesión, ¿verdad?, ¿no te duele nada? —articuló Emma, trasluciendo pánico mientras examinaba la totalidad de la anat