—¡MAMÁ!
El grito histérico de Felix resonó al instante, mezclándose con los alaridos de cientos de visitantes que corrían despavoridos en todas direcciones.
—¡ELLY! —gritó Erick, con los ojos muy abiertos y el corazón a punto de salírsele del pecho.
Se dio la vuelta en ese mismo instante y corrió con todas sus fuerzas. El pánico y la sorpresa lo golpearon con fuerza al ver, a lo lejos, cómo Elly empezaba a tambalearse, perdiendo el equilibrio.
En otro punto de la multitud, Edward —que había est