En una de las frías salas de espera de la comisaría, Elena permanecía sentada, muy inquieta. De pronto, sintió un fuerte latido en la cabeza al ver la figura que acababa de cruzar la puerta de cristal.
—¿Lucy? ¿Qué pasa? ¿Por qué vienes a verme aquí de repente? —preguntó Elena.
El rostro de la mujer de mediana edad se volvió pálido al instante. Su voz temblaba de angustia al ver a la secretaria personal de su hijo frente a ella, con la respiración agitada.
Un mal presentimiento se apoderó de in