—Gracias, mi amor —pronunció Erick con dulzura en cuanto Mary terminó de plasmar su firma en la última página.
Cerró de inmediato la carpeta del documento con un movimiento ágil, antes de que su esposa pudiera percatarse de cualquier anomalía.
—¿Hay algún otro papel que deba firmar? —preguntó Mary sin el menor indicio de sospecha. Le devolvió el costoso bolígrafo y la carpeta de cuero a Lucy, quien aguardaba de pie cerca del sofá.
Erick volteó hacia su secretaria personal; su mirada se tornó su