El timbre del teléfono de Kenny, apoyado sobre la mesa al otro lado de la cama, no dejaba de sonar con fuerza, rompiendo la cálida serenidad de la habitación.
Elly, que descansaba plácidamente sobre el firme pecho de Kenny, levantó la mirada despacio. Apoyó la barbilla contra la piel tibia del hombre, contemplando su rostro desde abajo.
—¿No vas a contestar? Parece un asunto muy importante —dijo Elly con una voz que aún arrastraba un ligero tono ronco.
—No tengo ganas de moverme y mucho menos d