En otro lugar, en el interior de una recámara lujosa y en penumbras, la atmósfera se percibía sumamente contrastante.
Los jadeos pesados y profundos resonaban en un vaivén constante, disolviendo el silencio de la habitación.
Elly se encontraba completamente entregada a su propio deseo.
—¿Te gusta? —inquirió Kenny con una voz ronca y baja.
Sostenía el peso de su cuerpo apoyándose en sus brazos firmes, clavando la mirada en los ojos lánguidos y encendidos de Elly, quien yacía justo debajo de él.