Las pupilas de Elly se dilataron por entero. Su corazón pareció interrumpir sus latidos a lo largo de escasos segundos, presa de un pavor descomunal al percibir los informes que acababan de escapar de los labios de Lupe.
—¡¿Qué es lo que has dicho?! —inquirió Elly, consternada.
Lupe desvió la mirada hacia la portezuela del salón de descanso portando agitación, consciente de que se descubría desprovista de tiempo para pormenorizar la situación mientras la fila de comensales en el sector delanter