—Entonces supongo que soy culpable por esa bebida mágica.
Intento subirme a la mesa, pero él me toma de la cintura para ayudarme, abro mis piernas y él queda entre ellas.
—Si lo eres, pero no me arrepiento de cada probada que le he dado. —susurra contra mis labios y me besa.
Nuestros besos son salvajes y apasionantes, tanto que tuve que apoyar mis manos en la mesa detrás de mí para caer hacia atrás, quería mantenerme firme.
Deja mis labios y va hacia mis pechos para masajearlos.
—Ya proba