El hombre que salió del auto tenía una mandíbula firme, una nariz perfectamente perfilada, pestañas largas y curvadas, y un aura carismática innegable. El mismo rostro. El rostro que cuatro años atrás había visto sobre la almohada a su lado al despertar en la habitación 1207 del hotel, en aquella mañana que destrozó su vida.
El hombre salió del auto con el aura de un rey entrando a su palacio. Todas las personas alineadas a los lados del camino inclinaban el cuerpo a su paso. Los saludos respet