Mientras tanto, dentro del ascensor, Windy sentía que su mundo giraba cada vez más rápido. Las estrechas paredes del ascensor parecían moverse, acercándose. La luz de neón sobre su cabeza brillaba con demasiada intensidad. Y sus rodillas, que ya le temblaban desde hacía rato, ahora perdían por completo la capacidad de sostenerla.
"No te desmayes aquí", pensó Windy mientras se agarraba a la barandilla de la pared del ascensor. "Ahora no. Aguanta hasta salir. Aguanta hasta el autobús. Aguanta has