Davin y Windy despertaron cuando ya oscurecía. No por sí mismos, sino porque los seis niños, ya despiertos, los despertaron con alboroto.
—¡Papá, mamá, despierten! ¡Ya es de noche! ¡Queremos jugar con fuegos artificiales! —gritó Flora, sacudiendo a Windy.
—¡Sí, lo prometieron! —Donald despertó a Davin.
Windy y Davin, arrancados del sueño por el alboroto, se levantaron. Afuera ya anochecía, y el cielo de año nuevo se extendía.
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Los sirvientes llevaron muchísimos fuegos artificiales comprados