Capítulo 67.

Voy en el auto de regreso a la casa, del otro carril de la carretera los bomberos se dirigen hacia la casa de Amanda donde muy seguramente ya solo quedan las cenizas de esa perra, de su gigoló y de su estúpido guardia. Sigo conduciendo sin sentir ni una sola pizca de resentimiento, sin sentir miedo, sin sentir dolor, solo euforia y adrenalina. Son las primeras personas a las que asesino, pero la conciencia no me está dando azotes. Estoy demasiado jodida como para sentir cargo de conciencia, pue
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