Miguel desciende las escaleras hacia el vestíbulo de la mansión, su expresión impasible oculta fríamente las emociones que arden dentro de él. Siente la presencia de Lovetta acercándose antes de verla, pero no se molesta en mirarla y permite que se acerque. Mantiene los ojos fijos en el horizonte, observando al pequeño grupo de la manada Acrab atravesar los portones. Cada movimiento es evaluado con la precisión de un depredador al acecho. Su rostro frío y controlado es una máscara perfecta para