— Genuino, yo ya...
La voz de Lovetta se apaga al inhalar el aroma que proviene de la guarida de Miguel.
¡Hembra humana, maldita esclava! — aprieta los dientes al confirmar lo que su olfato le dice, el odio ardiendo en su interior como un incendio incontrolable.
El instinto de gruñir intenta escapar de su garganta; la necesidad de dominar y reafirmar su posición superior hierve dentro de ella. La idea de quemar la guarida de Miguel para eliminar a su rival crece en su mente, pero se controla. A