Los ojos de Sasha se abren de par en par, el impacto recorriéndola como una oleada de calor abrasador. Instintivamente, intenta apartarse, como si el contacto con el lycan la estuviera quemando de una forma nada agradable. Pero no lo consigue; Miguel no la suelta, manteniéndola firmemente en sus brazos.
A diferencia de Sasha, que no puede levantar la mirada hacia la señora en la puerta por la vergüenza de haber sido sorprendida "in fraganti", Miguel mantiene su mirada fija en el rostro de Lucia